¡Hola! Qué gusto saludarte y compartir contigo un mensaje que creo que tiene el poder de transformar tu vida, tu manera de ver a Dios y la relación que tienes con Él. Imagínate que lo que vamos a explorar hoy es una verdad tan profunda que te va a liberar de cargas inmensas, una verdad sobre la gracia eterna de Dios. Quiero que veas cómo esta gracia no es algo nuevo, de hecho, ¡existía antes de la Ley de Moisés y sigue más viva que nunca después de ella!
Mi objetivo es que salgas de aquí entendiendo que la relación con nuestro Padre Celestial se basa en Su amor y en tu confianza, no en lo que haces o dejas de hacer. Prepárate, porque esto se va a poner interesante.

La Gracia Antes de la Ley: Ejemplos Poderosos

Vamos a viajar un poco en el tiempo para ver cómo Dios siempre ha operado bajo el principio de la gracia.

1. Abraham: Un Favor Inmerecido

¿Sabías que Abraham, el padre de la fe, era un pagano, un adorador de otros dioses, perdido en Ur de los Caldeos, completamente alejado de una relación real con Dios?. ¡Estaba tan extraviado como tú y yo antes de conocer a Cristo! Pero aquí viene lo asombroso: Abraham no buscó a Dios; fue Dios quien se le acercó. Dios apareció en su vida, lo llamó y le dijo que dejara su tierra y su parentela para ir a una tierra que Él le mostraría, una tierra prometida.
 
Esto es un favor que no merecíamos. Abraham no hizo absolutamente ningún mérito para que Dios se le acercara; Dios lo hizo por pura gracia. Así como Él se nos acercó a ti y a mí, nos sacó de las tinieblas y nos llevó a Su luz, a Su reino. ¡Esa es la manifestación de Su gracia desde el principio!
 
Ahora, algo aún más impactante: ¿Qué pasó cuando Abraham, a pesar de la promesa de Dios de darle un hijo y una gran nación, tuvo miedo en Egipto y le dijo a su esposa Saraí que mintiera diciendo que era su hermana? Abraham cometió tres faltas graves: incredulidad (no creyó que Dios lo protegería para tener la descendencia prometida), mentira (instigó a Saraí a mentir) y puso a Faraón en ocasión de adulterio.
 
Pero, ¿Qué hizo Dios?. ¡Dios no arremetió contra Abraham!. En cambio, hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas por causa de Saraí, la mujer de Abraham. ¿Por qué? Porque la escritura dice que Abraham le creyó a Dios, y le fue tomado por justicia. Desde ese momento, Dios comenzó a verlo como Su justo.
 
Esto es tremendo, ¿verdad? Dios no ve las faltas de Abraham porque lo considera justo. ¡Esto no es una excusa para pecar! Dios nos ve justos y nos trata como justos, pero Él nos va a corregir. La Biblia muestra que Abraham fue bendecido y enriquecido por Dios a través de Faraón, a pesar de sus pecados. Las bendiciones de Dios no dependen de lo que tú haces cuando has puesto tu confianza en Él. Él te protege, te guarda y te provee, aun cuando te equivocas.
 
Y la historia se repitió en Gerar. Abraham volvió a mentir sobre Saraí, y Dios intervino nuevamente, impidiendo que el rey Abimelec la tocara. ¡Dios seguía protegiendo a la esposa de Su justo! Y Dios le dijo a Abimelec que Abraham era “profeta”. ¡A pesar de su mentira y su duda, Dios seguía viéndolo como Su portavoz!. Esto nos enseña que lo que tú haces no determina cómo Dios te ve; lo que determina cómo Dios te ve es si tú confías en Él o no. Él asume la responsabilidad de perfeccionar tu vida.

2. Israel: Gracia en el Desierto

El pueblo de Israel, descendientes de Abraham, también experimentó la gracia de Dios antes de la Ley.

Liberación de la Esclavitud:

Dios los sacó de la esclavitud en Egipto, un lugar donde ya se sentían “cómodos” después de 400 años. Dios movió a Moisés, quien al principio no quería ir, para cumplir Su propósito. Es similar a cómo Dios se nos acercó a nosotros cuando estábamos esclavos del pecado, enviando a alguien a predicarnos el evangelio.

Murmuración y Provisión Divina:

El Mar Rojo:
Después de salir de Egipto, el pueblo de Israel se encontró entre el Mar Rojo y el ejército de Faraón. Temieron y murmuraron contra Moisés y Dios, diciendo: “¿No había sepulcros en Egipto para que nos trajeras a morir aquí?”. ¡Pero Moisés les dijo: “No temáis… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estad tranquilos!”. Cuando estás bajo la gracia de Dios, Él pelea por ti; tú solo confía y quédate tranquilo. Dios le dijo a Moisés: “¿Por qué clamas a Mí? Di a los hijos de Israel que marchen y alza tu vara”. ¡Dios abrió el mar! Aunque el mar no se abrió en segundos, sino que el viento sopló toda la noche, ellos cruzaron en seco. La bendición no fue inmediata, pero la fe y la obediencia llevaron al milagro.
Aguas Amargas y Maná:
Después, pasaron tres días sin agua y llegaron a Mara, donde las aguas eran amargas. De nuevo, el pueblo murmuró. Dios no los castigó, sino que les mostró a Moisés un árbol para echar en el agua y endulzarla. Luego, en el desierto de Sin, volvieron a murmurar por falta de comida, deseando haber muerto en Egipto donde había “ollas de carne”. Dios, a pesar de sus quejas, les proveyó maná del cielo y codornices. ¡Una vez más, Dios siguió bendiciéndolos y proveyéndoles a pesar de su murmuración, porque Sus acciones no determinan la bendición de Dios sobre tu vida!

El Monte Sinaí: Un Punto de Inflexión

Y así llegamos al Monte Sinaí, un momento crucial donde la ley haría su entrada

La Intención Original de Dios:

Dios le recordó a Israel: “Vosotros habéis visto lo que yo hice a los egipcios, y cómo yo os tomé sobre alas de águila y os he traído a mí”. Les estaba diciendo: “Ustedes no hicieron absolutamente nada, ¡Yo lo hice todo!”. Luego les propuso: “Si diereis oído atentamente a mi voz y guardareis mi pacto… vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa”. La intención de Dios era que ellos fueran como lo que somos tú y yo en Cristo: santos y un real sacerdocio, en Su presencia sin velos. Dios quería impregnar Su ley en sus corazones.
 
La Elección del Pueblo: “Haremos y Luego Oiremos” (Na’aseh v’Nishma):
  • Cuando Moisés les transmitió las palabras de Dios, el pueblo respondió: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos”. Pero en hebreo, esta respuesta es “nishma”, que significa “haremos y después escucharemos”. ¡Esto es clave! Le estaban diciendo a Dios: “Somos capaces de hacer lo que nos pides, no queremos oírte directamente porque nos das miedo, pero confía en que nosotros lo haremos”. ¡Pusieron sus capacidades y esfuerzos por encima de la gracia de Dios y de oírle a Él!
  • Esta actitud les costó la oportunidad de subir al monte y que Dios imprimiera Sus leyes en sus corazones.

Las Consecuencias: La Ley y el Desempeño Humano:

Debido a esta elección del pueblo, el pacto se selló bajo sus términos: “queremos hacer y que nos juzgues por nuestro desempeño”. A partir del Sinaí, Dios comenzó a evaluar al pueblo de acuerdo a su desempeño, y las bendiciones o maldiciones dependían de su obediencia a los ritos y mandatos. Por eso, en el Antiguo Testamento, vemos versículos que dicen “Dios te castigará” por esto o aquello.

La Gracia Después de la Ley: El Nuevo Pacto en Cristo

¡Pero gracias a Dios, el Señor abolió todo ese régimen pasado!

Justos por Fe en Cristo:

  • Romanos 10 nos dice que Cristo ya cumplió el propósito de la ley, y como resultado, todos los que creen en Él son hechos justos a los ojos de Dios. Cuando confías en que el Padre castigó todos tus pecados (pasados, presentes y futuros) sobre Jesús para no castigarte a ti, ¡en ese momento eres hecho justo ante Dios!
  • La fe no es algo lejano; está en tus labios y en tu corazón. Solo tienes que confiar. Confías y empiezas a ver el cambio, la prosperidad, la sanidad, la solución. Y Romanos 10:17 nos lo deja claro: “La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Es por oír la buena noticia de Cristo

Gracia vs. Esfuerzo Personal:

  • Gálatas 5:4 es una advertencia poderosa: “Pues si ustedes pretenden hacerse justos ante los ojos de Dios por cumplir la ley, han quedado separados de Cristo y han caído de la gracia de Dios”. Si buscas ganar el favor de Dios por tus esfuerzos, por lo que haces, ¡estás negando a Cristo y cayendo de Su gracia!
  • Jesús nos dijo: “Vosotros sois siervos inútiles”. Esto no es para bajarnos la autoestima, sino para hacernos entender que nuestras acciones no le sirven de nada para agradarle más allá de Su amor incondicional. Él se agrada de ti únicamente porque te ama y decidió amarte. Tu servicio, tu talento, tu ayuda, deben ser un reflejo de Su gracia, no un intento de ganar Su amor o bendición

Pedro: La Gracia que Perdona y Restaura:

  • Recordemos la historia de Pedro negando a Jesús tres veces, incluso con blasfemias, después de haber jurado que jamás lo abandonaría. ¿No te suena familiar, esas veces que prometes ayunar, orar, leer la Biblia, ir a la iglesia, y luego fallas, intentando demostrarle a Dios cuánto le amas?
  • Pero, ¿qué hizo Jesús después de resucitar? Se le apareció a Pedro y, en vez de reprenderlo, le preguntó tres veces: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” y finalmente “¿me quieres?”. Y cada vez, a pesar de las limitaciones de Pedro, Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”, “Pastorea mis ovejas”
  • ¡Esto es pura gracia! Jesús no basó Su relación con Pedro en cuánto Pedro le amaba o en lo que había fallado, sino en Su propio amor por Pedro y Su propósito para él. Así como Dios siguió considerando a Abraham Su profeta a pesar de sus mentiras, Jesús siguió confiando a Pedro el cuidado de Sus ovejas

Vive en la Gracia Eterna de Dios

Mi querido lector, el mensaje central es este: el amor de Dios por ti no se basa en lo que puedas hacer por Él, sino en la pura decisión que Él tomó de amarte y de hacerte Su hijo/a. ¡Él ya te santificó!

  • Cuando confías en Él, comienzas a tener una relación correcta, experimentas paz, y la culpa se aleja.
  • Él te corrige, sí, pero no te castiga. Corregir significa enseñarte, disciplinarte para que seas ordenado y te parezcas más a Él, no implica golpes o enfermedades.
  • Tus bendiciones no dependen de tus acciones, sino de cuánto confías en el Señor. Él es quien te va a perfeccionar.
Si sientes que te falta confianza, dile al Padre: “Confío, pero ayuda mi incredulidad”. Él hará el milagro, sanará tu cuerpo, hará crecer tu negocio, restaurará tus relaciones, cambiará lo que crees que no se puede cambiar. Solo tienes que confiar, confiar, confiar.
 
Espero que este mensaje te haya iluminado y te haya quitado una carga gigantesca del alma y de la mente. Este es el evangelio bíblico, el original, que te acerca a Dios porque te muestra que Él no te ve con desprecio ni con mancha.
Si quieres seguir explorando más de esta verdad transformadora y profundizar en la palabra de Dios, te invito a unirte a nuestro grupo de WhatsApp. ¡Allí podremos seguir compartiendo y creciendo juntos en esta hermosa gracia!
 
Que Dios te bendiga mucho.