¿Qué es la profecía y cuáles son sus características?
¡Qué tremendo que estés aquí, listo para adentrarnos en algo que nos vuela la cabeza! A veces pensamos en la profecía como algo super místico, un vaticinio para la bola de cristal. ¡Pero no! Te digo algo que me quema el corazón y que es la base de todo: la profecía es un mensaje dado por Dios. ¡Así de simple, así de poderoso!
Y no es un mensaje al azar, ¿me entiendes? Es un mensaje que Dios entrega a una persona, al profeta, para que lo suelte, ¡para que lo entregue a alguien más! Puede ser a una sola persona, a un grupo de gente, a un país entero, ¡o incluso a un animal o a un objeto! La profecía tiene esa característica que la hace tan especial: es específica. ¡Tiene un destinatario preestablecido!
1.- ¡La profecía tiene nombre y apellido!
Imagínate esto: Isaías, el profeta, va a ver al rey Ezequías, que estaba a punto de morir. No le dice algo genérico tipo “Dios te va a bendecir”. ¡No! Le suelta la palabra de frente: “Jehová dice así: ordena tu casa, porque morirás y no vivirás” (Isaías 38:1). ¡Directo al grano! La profecía es concreta, es directa y va de frente a lo que tiene que atacar. Es para una persona en específico, para una circunstancia en específico.
Y no solo para personas. La profecía tiene destinatario hasta para un lugar. Por ejemplo, en Ezequiel 26:3, Dios le dice a la ciudad de Tiro: “¡He aquí yo estoy contra ti, oh Tiro!”. ¡La profecía es para la ciudad misma! O cuando Jacob le profetiza a sus ovejas con las varas pintadas. O imagínate esto: ¡Dios mismo le da un mensaje profético a la serpiente en Génesis 3! ¿Te das cuenta?
Y no te vayas a confundir con eso de que “la palabra se suelta en los aires”. No, mi hermano, en un español correcto lo que se está queriendo decir es que he soltado esta palabra para una nación, para un pueblo. Hay un destinatario. Es como si pides un delivery, ¡el mensajero no va a dejar la comida en la puerta de cualquier vecino! Un profeta sabe a quién le va a entregar el mensaje. Y por eso el Señor dijo: “Mi palabra no vuelve a mí vacía”, ¡porque tiene un objetivo que cumplir!
2.- La profecía es mucho más que el futuro
La gente, por lo general, piensa que la profecía es solo hablar del futuro. ¡Y sí, claro que habla del futuro! Es una de sus características principales. Pero, ¿qué pasa si te digo que también habla de tu pasado y de tu presente?
Mira, en Isaías 48:15, Dios le dice a Israel: “Yo soy Jehová, Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir”. El mensaje profético aquí es para el presente. ¡Dios te está enseñando y te está encaminando ahora mismo! O a Gedeón en Jueces 6:14, Dios le dice: “Usa tu fuerza cuando ahora. ¡Úsala!”. Es una orden para que actúe en ese momento.
Pero, ¡prepárate para esto que es alucinante! Cuando Jesús le habla a la mujer samaritana en Juan 4:18, le dice: “Cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido”. ¡Le está revelando su pasado y su presente! Y ella, ¿qué hace? Se queda boquiabierta y dice: “¡Señor, me parece que tú eres profeta!”. La profecía que habla del pasado es poderosísima porque le muestra a la gente que Dios los vio, que estuvo con ellos en cada momento.
No encasillemos a Dios. Su mensaje puede abarcar el pasado, el presente y el futuro. Como en Isaías 43:25-27, en una misma profecía, Dios habla de todo: “Tu primer padre pecó” (pasado), “yo soy el que borro tus rebeliones” (presente) y “no me acordaré más de tus pecados” (futuro). ¡Es tremendo!
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3.- Dios nos habla de muchas maneras
¿Crees que Dios solo te habla cuando estás en la iglesia? ¡No, no, no! La Biblia nos lo dice en Hebreos 1:1, que Dios “ha hablado muchas veces y de muchas maneras“.
Dios te habla todo el tiempo. Un día le emite palabra a otro, una noche a otra declara sabiduría (Salmo 19:2). La pregunta es: ¿lo has estado oyendo? Dios te habla en la calle, en el supermercado, en la universidad, ¡en todos lados! Como dice Proverbios 19:20, la sabiduría (que es Cristo) nos habla “en las plazas, en los principales lugares de reunión, en las calles”.
Yo tengo un testimonio que me encanta contar, porque rompe todos los esquemas. Un día iba en el bus, y el conductor puso una canción de Marc Anthony que decía: “¿Qué precio tiene el cielo? Que alguien me lo diga”. Y el Espíritu Santo me habló en ese instante y me preguntó: “¿Tú sabes qué precio tiene el cielo?”. No me reprendió, ¡me habló! Tomó un pedazo de una canción secular para hablarme. Por eso, ¡hay que estar atentos! Dios puede usar a cualquiera: un artista, un noticiero, un catedrático, o incluso una burra, como en la Biblia.
4.- El secreto de la profecía: El testimonio de Jesús
Aquí es donde quiero que te agarres, porque esto es medular. Apocalipsis 19:10 nos revela el secreto del primer nivel del profetismo: “El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. ¡El espíritu de la profecía no tiene sentido sin el testimonio de Jesús!
¿Y qué es el testimonio de Jesús? Es entender quién es Él y lo que hizo por ti y por mí.
4.1.- Él es Dios y hombre:
Se despojó de su forma divina para tomar la nuestra (Filipenses 2:5-7). ¡Esa misma esencia divina ahora mora en ti y en mí!
4.2.- Él es el Rey:
No es un rey más, ¡es el Señor de señores! ¡Su nombre está sobre todo nombre!
4.3.- Él es el pago por nuestros pecados:
Isaías 53:5 dice que “el castigo de nuestra paz fue sobre él”. A Él lo castigaron para que a ti no te castiguen. ¡Él estuvo en el infierno para que tú nunca tengas que ir allí! La paga del pecado es la muerte eterna, pero Él ya la pagó. ¡Qué tremendo!
4.3.1.- Él nos hizo justos:
Por su obra redentora, Dios nos ve a ti y a mí ¡justos! Romanos 3:22 lo dice: “Dios nos hace justos a sus ojos cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo”. ¿Quién nos acusa si el juez, que es Dios, ya nos declaró sin culpa? ¡No hay condenación para los que están en Cristo!
El profeta debe vivir sin culpa, porque la culpa es el enemigo número uno. Pensamos que debemos hacer cosas para que Dios se agrade de nosotros, pero Él ya se agrada, ¡porque el castigo de nuestra paz ya cayó sobre Jesús! Su amor es incondicional.
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5.- ¡Sal y profetiza!
Entonces, ¿cuándo fluye el espíritu de la profecía? Cuando le das a Dios el espacio. Hay varios momentos que son clave para empezar a practicar.
5.1.- En la adoración:
Pon música en tu casa y adora. El Espíritu Santo va a empezar a fluir. Eliseo pidió que le trajeran un tañedor y cuando el músico tocó, el espíritu de Dios vino sobre él y profetizó.
5.2.- Con otros profetas:
Júntate con gente que tiene el mismo llamado. Saúl comenzó a profetizar cuando se unió a la compañía de profetas.
5.3.- Cuando evangelizas:
¡Este es el lugar donde más fluye! ¿Por qué? ¡Porque el propósito del espíritu de la profecía es dar testimonio de Jesús! Cuando estás evangelizando, el Espíritu Santo te va a empezar a mostrar el pasado de la gente, te va a dar mensajes contundentes. Sal de las cuatro paredes de tu congregación. ¡Sal a la calle a profetizar!
Yo te animo a que en esta temporada salgas a manifestar lo que Dios ha puesto en ti. Pídele al Espíritu Santo que te guíe, que te dé la sensibilidad para encontrar a esas personas a las que Él quiere hablarles a través de ti. Y recuerda siempre: tu profecía debe llevar el testimonio de Jesús. Si no, ¡hay que parar y evaluar! Porque en eso se basa el espíritu profético.
Te lo digo con todo el corazón, ¡esto es lo que va a revolucionar tu caminar!
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¡Te leo!
Bendiciones
